Mantener una oficina limpia no tiene por qué ser complicado. Organizar las tareas por frecuencia ayuda a conservar cada espacio en óptimas condiciones sin interrumpir el trabajo.
Diariamente: papeleras, escritorios, baños, cocina y áreas de mayor tránsito.
Semanalmente: pisos, cristales, baños a profundidad y áreas comunes.
Mensualmente: alfombras, persianas, refrigerador, microondas y zonas poco utilizadas.
Tip: asigna días y responsables para cada tarea y utiliza una lista de verificación.
Una oficina limpia mejora la imagen, el bienestar y la productividad de tu equipo.

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